
Fantástico criminal de aventuras, con artefacto científico y organización criminal
Los Vampiros del Aire no son, pese al nombre, criaturas sobrenaturales: son una banda de criminales voladores, herederos directos de Les Vampires (Louis Feuillade, 1915), vestidos con un traje rojo ceñido de cuerpo entero, máscara integral y unas alas articuladas a la espalda que les confieren aspecto de “hombres murciélago”. El eje argumental es un vestido volador robado: la banda ha hecho copias en serie de la patente de un traje mecánico, y la policía londinense teme que lo usen para asaltar un avión cargado de joyas. Dos jóvenes vinculados a esa policía, Carlos y Marcos Bon, se lanzan a perseguirlos.
El resto de la trama es, en palabras de Manuel Barrero, “un conjunto de peripecias por ciertas localizaciones con mucha pirueta aérea”: persecuciones, asaltos, un castillo gótico como guarida y una galería de villanos secundarios que se suceden cuaderno a cuaderno. Aliado recurrente de los héroes es El Hombre Fantasma, figura enmascarada con una calavera por rostro. Entre los enemigos aparecen El Hombre Infernal (aspecto de licántropo de orejas puntiagudas, que en un momento de la trama revela que ese aspecto también es una máscara para atemorizar), la bruja del castillo (la única con poderes genuinamente sobrenaturales — consulta una bola de cristal que le funciona de verdad), el monstruo del campanario y el loco de la caverna, este último memorable por decorar su cueva con un racimo de cabezas humanas cortadas. Pese a la parafernalia gótica, la conclusión de Barrero es tajante: la colección “está ligada solo nominalmente al horror” — en esencia, un tebeo policíaco de aventuras con decorado de terror prestado.
La banda está al mando de Lord Petty, que en la secuela folletinesca El Último Vampiro escapa de la cárcel y se hace construir un traje-armadura con pinchos, autómatas voladores a su semejanza, capacidad de volverse invisible y de electrocutar a distancia. Pedro Porcel lo compara con el futuro Spider de la editorial británica Fleetway: mismo perfil de genio gótico del crimen, con castillo, inventos y un archienemigo juvenil, aquí llamado Toby.
Héroes: Carlos y Marcos Bon, jóvenes sin poderes especiales, vinculados a la policía londinense; su único recurso es la persecución directa de la banda.
Villanos principales: Lord Petty (jefe de la banda, sin poderes propios más allá del traje volador robado, ampliado en la secuela con armadura, autómatas e invisibilidad) y, en la reaparición de 1940, El Hombre Infernal como segundo antagonista recurrente.
Tono: aventura policíaca con ambientación gótica —castillos, criptas, calaveras— más que terror propiamente dicho; el elemento fantástico se concentra casi en exclusiva en el traje volador y, ya en la secuela, en el vampiro-robot de Lord Petty.
La serie nace dentro de una fascinación de entreguerras por el vuelo mecánico como nueva forma de poder amenazante —Barrero remonta el miedo hasta el mito de Ícaro— y se inscribe en una tradición española previa de relatos de criminales voladores (Brereton en La novela de aventuras, 1926; Saint-Marchel en Biblioteca de la Juventud, 1929; Jesús de Aragón en Aventura, principios de los 30). Se ha propuesto —sin que esté demostrado, “es posible”, en palabras de Barrero— que Canellas Casals se inspiró en los hombres-halcón enemigos de Flash Gordon y en el Batman ya existente hacia 1940; el propio Barrero advierte que había suficiente material español anterior como para no dar por buena esa filiación directa.
Es, con diferencia, el folletín fantástico de Editorial Marco con mejor recorrido documental: Canellas Casals se incorpora a Marco hacia 1931 como redactor y poco después como director artístico, y esta es la única de sus series prebélicas que recibe una traducción “más o menos fiel” del folletín a la historieta —el resto de sus creaciones de la época sirven más bien de inspiración suelta que de argumento trasladado literalmente. La Guerra Civil interrumpe la producción de Marco casi por completo; Canellas se refugia en el San Sebastián franquista, y la colección solo resucita en 1940, ya en formato cuaderno —el que domina la historieta española durante las dos décadas siguientes por imposición de la censura, que prohíbe las publicaciones periódicas.
El propio Canellas Casals reciclaría la fórmula de la serie más de una vez. La más explícita, documentada en el libro de Pedro Porcel Superhombres ibéricos (2014), es Tim y Tom contra los Vampiros Estratosféricos: una colección inconclusa de varios ejemplares que Porcel califica sin rodeos de “trasunto apenas disimulado de sus viejos Vampiros del Aire”. Cambia el reparto juvenil —aquí Tim y Tom, no Carlos y Marcos Bon— y el dibujante —Mariano Zaragüeta, con un uniforme de los vampiros “ligeramente distinto al original”—, pero mantiene intacta la misma banda de forajidos voladores como amenaza central. Porcel la describe como narraciones breves de un solo episodio, sin la complejidad de misterio del folletín original, y la valora como producto menor: los protagonistas no llegan, en sus palabras, “a constituir seres con entidad propia más allá de su carácter de explotación”. No se ha podido determinar todavía el año de publicación, la editorial ni el número exacto de ejemplares.
Más allá del propio autor, Pedro Porcel sitúa a los “vampiros voladores” entre los precedentes del Misterioso X de Manuel Gago (1950), serie que describe “con un aire netamente pulp en el que resuenan los ecos de La Sombra, Los Vampiros del Aire y otros clásicos” («Superhombres ibéricos: la historia ignorada de los superhéroes españoles», Cualia.es, 5-VII-2024). Conviene precisar que esta influencia es de motivo y fórmula, no de aparición literal de los personajes de esta serie en esas otras cabeceras.
Cuadrado, Jesús (2000). Atlas español de la cultura popular: de la historieta y su uso, 1873-2000. Madrid: Ediciones Sinsentido / Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Porcel Torrens, Pedro (2010). Tragados por el abismo. La historieta de aventuras en España. Castalla (Alicante): Edicions de Ponent. ISBN 978-84-96730-53-3.
Porcel Torrens, Pedro (2014). Superhombres ibéricos. Castalla (Alicante): Edicions de Ponent. ISBN 978-84-15944-25-6.