
Fantástico criminal de folletín, con justiciera enmascarada de doble identidad y ambientación de aventuras por tierra, mar y aire
El Corsario X es una aventurera enmascarada —de rostro cubierto también fuera de la máscara del personaje, bajo la identidad civil de Isabel Bielden, una viuda millonaria a la que “la buena sociedad toma por dama inofensiva y glamurosa”—, propietaria de un extraordinario vehículo capaz de navegar por tierra, mar y aire (identificado en otras fuentes como el “Rayo X”). Combate junto a sus amigos contra la amenazante nación imaginaria de Vanilia, en tramas que combinan el pathos bélico de la narrativa de entreguerras con el folletín de enmascarados: robo de planos secretos, apariciones siempre enmascaradas, un filtro que la vuelve invisible y ataques a distancia mediante rayos. Sabotaje y piratería son su actividad constante a lo largo de “los Siete Mares”, en peripecias marcadas por ataques aéreos, fieras, sectas orientales crueles y una abundancia de artefactos técnicos —palancas, motores, telerradios, armaduras protoastronáuticas— tratados por el propio relato sin distinguir entre promesa de progreso y amenaza de destrucción masiva.
Las fuentes consultadas —con Porcel como voz principal— la señalan como posible primer personaje femenino protagonista del fantástico criminal español, en una época dominada por héroes masculinos y damiselas pasivas.
El personaje se inscribe en la etapa prebélica de Editorial Marco, la misma que produce Los Vampiros del Aire, Mack-Wan el Invencible y El Círculo Rojo, con Marc Farell como dibujante recurrente bajo el alias “Kif” —descrito por Porcel como “incipiente” y “autodidacta” en esta etapa temprana de su carrera, la misma caracterización biográfica que aplica a su trabajo en otros títulos de Marco de la época—. A diferencia de esos otros títulos, las fuentes consultadas evitan atribuir el guion a Canellas Casals pese a su presencia habitual en el catálogo de Marco, dejando la autoría textual sin resolver y calificándola de anónima.
Porcel enmarca la obra como un ejemplo temprano de fascinación ambivalente ante la ciencia: “espectáculo hermoso y sobrecogedor” que no toma partido entre la promesa de desarrollo y el augurio de destrucción masiva, y destaca el protagonismo femenino del personaje como un rasgo pionero para una España de la época con diferencias abismales entre sexos.