obras en el archivo
Rafael González relanzó Pulgarcito en 1946 y dirigió de facto el catálogo de historieta de la editorial hasta su retirada en 1978, en unos años en los que Bruguera llegó a ser la mayor editora de tebeos de España.
Joan Bruguera Teixidó fundó en 1910, en el barrio del Coll de Barcelona, la pequeña imprenta El Gato Negro, dedicada a cuadernillos de chistes, cromos y recortables. En 1921 lanzó el semanario Pulgarcito, siguiendo la estela de TBO, y su éxito sentó las bases de lo que acabaría siendo la mayor editorial de tebeos de España. A la muerte del fundador en 1933 le sucedieron sus hijos Pantaleón y Francisco Bruguera Grané, que en 1939 rebautizaron la casa con el apellido familiar.
La posguerra fue el terreno donde se forjó su identidad. Con las dificultades de los primeros años cuarenta superadas, Rafael González —contratado por Francisco Bruguera hacia 1945-1946— relanzó Pulgarcito de forma regular y reunió al equipo de dibujantes y guionistas jóvenes que darían forma a la llamada “escuela Bruguera” (expresión acuñada por Terenci Moix): un estilo a medio camino entre el entretenimiento infantil y la sátira costumbrista, reconocible en personajes como El Repórter Tribulete, Doña Urraca, Zipi y Zape, la familia Cebolleta o, más tarde, Mortadelo y Filemón. A ese núcleo humorístico se sumaron cabeceras de aventuras (El Capitán Trueno, El Cachorro) y series realistas como El Inspector Dan o Doctor Niebla, ambas surgidas de la pluma del propio González.
Bruguera no fue solo tebeos: sostuvo colecciones masivas de novela popular —la novela rosa de Corín Tellado, el wéstern de Marcial Lafuente Estefanía y bolsilibros firmados por Silver Kane (seudónimo, entre otros, de Francisco González Ledesma) o Curtis Garland— y llegó a operar como un grupo multinacional con planta industrial propia en Parets del Vallès, distribuidora (Libresa), agencia de creaciones para el mercado exterior y delegaciones en Argentina, Brasil, Colombia, México, Portugal y Venezuela. En los años setenta, tras perder pleitos con Tellado y Lafuente Estefanía, diversificó su catálogo literario incorporando a autores como García Márquez, Borges, Onetti o Juan Marsé, y llegó a facturar unos 10.000 millones de pesetas en 1981.
El declive fue rápido. La devaluación de divisas latinoamericanas y el encarecimiento de sus créditos internacionales llevaron a Bruguera a presentar suspensión de pagos en junio de 1982. La empresa resistió unos años más —con lanzamientos como Superlópez— hasta que en 1985 Francisco Ibáñez, tras abandonar la editorial, obtuvo por vía judicial la prohibición de que Bruguera siguiera publicando o reeditando Mortadelo y Filemón, su principal fuente de ingresos. En 1986 el Grupo Zeta adquirió la editorial y la transformó en Ediciones B. El sello Bruguera se recuperó brevemente entre 2006 y 2010 bajo dirección de Ana María Moix, y de nuevo desde 2018 bajo Penguin Random House, aunque sin la centralidad que tuvo en la historieta española de posguerra.






